09/10/2012 - Último Calor
Después de ver la terrible situación en la que se hallaba la humanidad entera, de ver como los miembros de mi familia iban desapareciendo poco a poco y que, desgraciadamente y sabe Dios por qué, a mi no me afectaba aún el virus y de ver como la mitad de la gente del pueblo donde vivo estaba desapareciendo, decidí hacer una lista de cosas que debería hacer antes de que me tocase el turno, decidí que no podía morirme sin más, llorando por los que ya no estaban. Así que comencé a elaborarla.
Primero tenía que pensar qué era lo que más me apetecía, el sol, no podía esperar a la muerte con el paraguas en la mano, eso era impensable, así que cogí un coche, el más bonito que había en el concesionario, por supuesto morado, me fui a una tienda de bikinis, elegí los más bonitos, uno de rayas azul y blanco, de lentejuelas mates, otro colores tierra y los metí en una preciosa bolsa de playa con una toalla a juego.
Me hice con comida que no caducase, no sabía cuánto tiempo más iba a durar, así que tampoco llevaba demasiada solo para mantenerme con vida y no morirme de hambre, ya que sería gracioso en esas circunstancias, morirse de hambre, también podría hacerme con ella en cualquier lugar, por eso no habría problema, bueno pensándolo bien ni por eso ni por nada, todo estaba a mi alcance no había nadie más.
Lo metí todo en el coche y salí rumbo al sol, a la playa, tampoco había tráfico así que no tendría problema de perderme, tampoco sabía a dónde ir, así que la dirección siempre sería al sur, no habría problema.
Lo metí todo en el coche y salí rumbo al sol, a la playa, tampoco había tráfico así que no tendría problema de perderme, tampoco sabía a dónde ir, así que la dirección siempre sería al sur, no habría problema.
Me sentía muy sola, de vez en cuando una lágrima rodaba por mis mejillas pero se lo debía a ellos, a los que dejaba detrás, ellos no habían tenido la oportunidad de elegir, pero yo sí, quizás fuese inmune, pero eso que más daba ya, si lo fuese, tenía muy claro que me suicidaría; a mí no me gusta estar sola, nunca me gustó, y menos esa soledad tan terrorífica, ser la única persona del mundo, que estuviese viva, traté de quitarme eso de la cabeza, porque solo el pensarlo me daban escalofríos.
Hace como un mes que comenzó todo y cuando supimos la gravedad de lo que estaba pasando, pensé egoístamente que yo quería ser la primera en caer, que yo no quería sufrir la perdida de los míos y como una broma macabra los vi caer de uno en uno, la muerte era dulce y sin sufrimiento para ellos, pero ir viendo como caían, fue la peor pesadilla y se cumplió íntegra.
Según iban pasando los días y se iban sucediendo las muertes, llegó un momento que ya no quedaban lágrimas y era tanto el dolor que dejo de doler, es increíble la capacidad de supervivencia de la mente humana o dejas de darle importancia o te vuelves loca, y allí me encontraba, yendo al sur, al sol, a bañarme en la playa porque se me ocurrió que era lo que más me apetecía hacer en mis últimos días de vida.
En realidad era una suerte saberlo porque podría aprovechar todos esos minutos de regalo que me quedaban en recordar los momentos felices y revivirlos, aunque fuese sola.
Según iban pasando los días y se iban sucediendo las muertes, llegó un momento que ya no quedaban lágrimas y era tanto el dolor que dejo de doler, es increíble la capacidad de supervivencia de la mente humana o dejas de darle importancia o te vuelves loca, y allí me encontraba, yendo al sur, al sol, a bañarme en la playa porque se me ocurrió que era lo que más me apetecía hacer en mis últimos días de vida.
En realidad era una suerte saberlo porque podría aprovechar todos esos minutos de regalo que me quedaban en recordar los momentos felices y revivirlos, aunque fuese sola.
Ya casi estaba llegando, notaba la brisa marina, no sabía dónde me encontraba, pero era el Mediterráneo, inconfundible azul, un poco diferente al mar del norte que es un poco más oscuro, pero igual de bello, si no fuese por el mal tiempo.
Encontré un pequeño pueblecito, con casas blancas y preciosas flores adornando sus fachadas, un típico pueblo costero, pero , no se veía a nadie, no se oía nada, llegue hasta el mismo paseo marítimo con el coche, aparque sin problema aunque tuve que apartar cuerpos y vehículos con gente que no tuvieron la misma suerte que yo, ellos no llegaron a la playa yo si llegaría, aún no sentía ni el hormigueo en las manos y los pies, aún me quedaban por lo menos horas, ya no contaba con días, me conformaba con seguir contando las horas, ¡qué ironía!.
Encontré un pequeño pueblecito, con casas blancas y preciosas flores adornando sus fachadas, un típico pueblo costero, pero , no se veía a nadie, no se oía nada, llegue hasta el mismo paseo marítimo con el coche, aparque sin problema aunque tuve que apartar cuerpos y vehículos con gente que no tuvieron la misma suerte que yo, ellos no llegaron a la playa yo si llegaría, aún no sentía ni el hormigueo en las manos y los pies, aún me quedaban por lo menos horas, ya no contaba con días, me conformaba con seguir contando las horas, ¡qué ironía!.
Llegué a la misma orilla, me bajé del coche, cogí la bolsa con los bikinis y la toalla y me dirigí a la playa. Hacía un día espléndido era perfecto para morir y para vivir, comencé a desnudarme, para ponerme el bikini, cuando caí en la cuenta, que bobada, si no me veía nadie, así que lo dejé a un lado.
Me senté frente al mar, entonces vi lo que me rodeaba, grupos de cuerpos que habían tenido el mismo último deseo que yo, el sol, mirar el mar y sentir la brisa en la cara y el cuerpo, respirar hondo y dejarse ir...
Me senté frente al mar, entonces vi lo que me rodeaba, grupos de cuerpos que habían tenido el mismo último deseo que yo, el sol, mirar el mar y sentir la brisa en la cara y el cuerpo, respirar hondo y dejarse ir...
De pronto algo me asustó, un perro se estaba acercando a mí, un precioso perro color canela que me miraba como diciendo me quedo contigo, no hay nadie más y se sentó a mi lado, le acaricié detrás de las orejas y se tumbó en mi toalla, soltando una especie de suspiro, como si hubiese llegado a casa, movió la cola un par de veces y se quedó dormido muy tranquilo.
Miré a mi alrededor no se movía nadie, no había duda, estaba yo sola con mi perro.
Decidí despertarlo, no podíamos perder tiempo durmiendo, había que hacer muchas cosas más, aunque no se me ocurría que hacer, primero un baño, recordaba lo que me contaba mi amor de los baños en el mar, en su mar, de sus paseos por la playa y del sol. No quería pensar en él, no quería pensar en nadie, casi estaba enfadada con todos ellos por haberme dejado sola.
Decidí despertarlo, no podíamos perder tiempo durmiendo, había que hacer muchas cosas más, aunque no se me ocurría que hacer, primero un baño, recordaba lo que me contaba mi amor de los baños en el mar, en su mar, de sus paseos por la playa y del sol. No quería pensar en él, no quería pensar en nadie, casi estaba enfadada con todos ellos por haberme dejado sola.
Nos levantamos, el perro era consciente también de que no había que perder el tiempo y me siguió o era por no quedarse solo, creo que se sentía como yo así que nos dimos un baño saltamos las olas, me reí como hacía un mes más o menos que no me reía, salimos del agua y nos secamos al sol, era delicioso sentir la brisa recorriéndome en cuerpo, esa brisa templada y suave que me acariciaba, dándome el calor que tanto añoraba.
El perro levantó las orejas y se irguió oteando el horizonte, algo se movía al fondo, una sombra negra como la noche se estaba acercando a nosotros, el perro al cual aún no le había puesto nombre comenzó a ladrar, me levanté para ver qué era y no salía de mi asombro, era un perfecto corcel negro como la noche. Era precioso, parecía una de esas fotografías de un corcel corriendo por la playa que tantas veces veía en internet, pero este era de verdad, era igualito a Plutón , el caballo de mi amor, que corriendo como el viento se acercaba a nosotros, no venía solo, en su lomo un jinete que gritaba y gritaba moviendo sus manos. Nosotros comenzamos a saltar y a llamar su atención ya éramos dos seres humanos en aquel paraíso, los gritos de júbilo se oían por toda la playa mientras se terminaba de acercar y de un salto bajo del hermoso corcel, nos abrazamos como si fuese el último abrazo del mundo y quizás lo fuese, nos mirábamos, nos volvimos a abrazar así un buen rato, no nos lo podíamos creer nos tocábamos las manos y las caras, nunca fue tan importante el contacto con otro humano, algo que no le dábamos la más mínima importancia se había convertido en lo más deseado del mundo, ver otra cara, otros ojos, oír otra voz… una risa que no fuese la mía como hace un ratito, tocar un cuerpo caliente de un ser humano y sentir la calidez de sus miradas y de sus manos al contacto con la piel, eso y el sol, ya no quedaban más cosas por hacer en mi lista, y en la de él tampoco, así que nos sentamos a ver el atardecer, a recrearnos en su belleza, el uno abrazado al otro, quizás ese fuese el último que viésemos pero .....
De momento el sol se ocultaba y estaba hermoso más hermoso de lo que lo había visto jamás… y él estaba a mi lado, caliente, vivo, respirando… Eso era lo único que importaba en ese momento… Mañana ya pensaríamos qué hacer, si había un mañana.




